CIUDAD ELEGIDA

Alberto Feijóo – Carlos Aguilera
Cristina De MiddelRicardo Cases
Sebastián ListeVicente Paredes
(Comisariado Por Ana Alarcón)

27 de Marzo – 9 de Mayo 2015

CIUDAD (DES)ELEGIDA

Ana Alarcón

En 1967 la constructora Calpisa planteaba en Alicante la construcción de una gran urbanización con el nombre de Ciudad Elegida Juan XXIII entre las carreteras de Valencia y Villafranqueza. La urbanización de aquellos terrenos desiertos y alejados del centro, pero que prometía una zona residencial de ensueño, y que en algún momento incluso llegó a serlo, se inició a finales de la década de los sesenta y se terminó a finales de los setenta. Nacía en aquellos años, aparte de una urbanización feroz y arrasadora en todo el levante español y la cultura que degeneraría en pelotazo, una poderosa generación de jóvenes que viviría el éxito absoluto y el fracaso estrepitoso de la nueva situación social y económica que definiría al país entero. Bajo aquel nombre, tan evocador como agorero, que remataba con grandes letras y aún sigue dominando un pequeño barrio de Alicante, se generó la fuerza de quienes escucharon cassettes y vieron videoclips en los años ochenta, descubrieron las cámaras digitales a finales de los noventa y se colgaron de su teléfono móvil cuando comenzaba el nuevo siglo.

Esos jóvenes comenzaron a generar (buenas) imágenes, miles de fotografías que, a su vez, a través de un boom tecnológico, el auge imparable de internet y la aparición de las poderosas redes sociales permitían que esas instantáneas viajasen a la velocidad de la luz, se transmitieran hasta cualquier lugar del mundo y fueran más arrolladoras aún por lo que implicaban que por lo que en sí mostraban. Ante tal saturación y esa velocidad desmesurada, resultaba muy difícil, casi imposible, distinguir el polvo de la paja, rescatar un fulgor entre miles de flashazos. Pero de repente aparecían pepitas de oro que brillaban con tal fuerza que no hacía falta apartar mucho la arena. Y, entre ellas, cada vez más con nombres que habían nacido bajo aquellas letras decadentes, y todo el mundo, excepto nosotros mismos, los de aquí, miraba en nuestra dirección para volverse loco por el valioso oro levantino.

Turismo de masas, verano eterno, abundancia low cost y de mercadillo, ascenso a los cielos y descenso a los infiernos empresarial y económico, feísmo urbanístico, belleza mediterránea, idiosincrasia particular (por utilizar un adjetivo), circo político y un vacío, enorme abismal, tremebundo, ante el arte y la cultura contemporánea (y la acción, que no resignación, de las partes afectadas). Esas eran algunas de las respuestas, mezcladas y distintas, que encontraba cuando me preguntaba muchas veces por qué cada vez resonaban más creadores originarios de esta tierra. Quizá no se debía a nada en particular, quizá sólo era así, y punto. Pero todos esos ingredientes debían curtir y generar una manera particular de ver el mundo. Y ese vacío, esa nada y ese agujero negro por el que se podrían haber colado y haber desaparecido para siempre y que, para empezar, les hizo marcharse lejos o muy lejos, les debió dar más fuerza para trabajar sin tregua y desarrollar una certeza creativa sin precedentes.

Entre 2011 y 2014 he reunido a distintos fotógrafos nacidos en esta provincia que comparten algo en común: trabajo impecable poco o nada reconocido en su lugar de origen; trayectoria frecuentemente fuera del circuito establecido y con mucha repercusión internacional; prefijo auto en la mayoría de sustantivos que definen su recorrido (autoedición, autogestión, autodifusión…); y una decisión y un coraje fuera de lo habitual. En esta muestra cada uno nos asoma a su tierra de origen mediante trabajos inéditos que se presentan por primera vez con motivo de la misma. Alberto Feijóo (Alicante, 1985) parte del título Ciudad Elegida para construir “una estructura con los restos que encuentro en la periferia de dicha ciudad, aquellos objetos que la propia ciudad desecha y a los que otorgo una segunda vida. Muestro objetos y “memoriales” de mi experiencia con la ciudad y con el paso del tiempo”. Sebastián Liste (Alicante, 1985), fotoperiodista puro con un lenguaje fotográfico muy distinto al del resto, nos muestra un diario íntimo que comenzó hace más de diez años y que se centra en Abdet, un pueblo del interior en el que vive su familia política. Carlos Aguilera (Los Montesinos, 1992), artista novel que para su puesta de largo mira a su pueblo de nacimiento y nos presenta La general: “estas fotografías establecen un punto de encuentro entre el pasado y el presente, los espacios que un día sirvieron para que se fuese configurando el pueblo por agregación, son ahora lugares borrosos a los que se les han asignado nuevos usos, indeterminados y arbitrarios”. Cristina de Middel (Alicante, 1974) rescata las imágenes de un blog que creó en 2008 cuando trabajaba para la prensa local y reúne “historias obvias y olvidadas que nunca darían su salto a las portadas. Vividas en primera persona y metabolizadas de ese mismo modo sin más filtro que la necesidad de sacar a la luz aquel detalle que convierte el día en algo mágico y excepcional, orgullosamente ajeno a la actualidad y los criterios editoriales”. Ricardo Cases (Orihuela, 1971) y Vicente Paredes (Orihuela, 1972) muestran a dúo sus Oriolanos ausentes “después de más de veinte años de un exilio voluntario que aún perdura, regresamos a nuestra ciudad para presentar un mundo adormecido por el cannabis y la religión y revisamos la iconografía oriolana que representa el alma de este lugar”.

Casi cincuenta años después de que Ciudad Elegida asentara sus cimientos, seis artistas vuelven a su Ciudad (Des)elegida para contarnos lo que sienten. Más allá de sus imágenes está la historia de una generación y de una región que podría haber sido absolutamente triste pero que deviene más bien una esperanza y hace que el cuento culmine con más moraleja que muchas narraciones clásicas. El contexto social y político en el que vivimos, y que va estrechamente relacionado con las imágenes que tenemos delante, daría para dar muchas vueltas a este texto y utilizar muchas malas palabras, pero la inteligencia que desborda de cada fotografía hace que no sea necesario. En absoluto. “El analfabeto del futuro no será aquel que no conozca las letras, sino quien no conozca la fotografía” sentenciaba el filósofo Walter Benjamin ya a principios del siglo pasado. Miremos esta(s) Ciudad(es) y no lo seamos. Nosotros no.